miércoles, 28 de febrero de 2018

LOS DÍAS FESTIVOS.

Los días de fiesta me dedico a leer todo lo que cae en mis manos, y leyendo a un hombre importante de nuestro país me encuentro con un informe del Banco Mundial, del año de 1997, donde definía el FENÓMENO DE LA CORRUPCIÓN COMO ABUSO DE AUTORIDAD PÚBLICA PARA CONSEGUIR UN BENEFICIO PRIVADO. El enunciado sigue plenamente vigente. Las motivaciones de quienes caen el la corrupción van más allá de lo económico. La propia convicción, el odio, la venganza, los intereses de cualquier orden, incluido el de favorecer a los suyos, pueden corromper a una persona, aunque no se lucre ni beneficie de otra forma. Hoy, sigue siendo válida esta reflexión. Lo único que ha cambiado son las formulas más sofisticadas para hacerla efectiva.
La corrupción, sobre todo y con independencia de su clase, es un fenómeno que genera injusticia y DESIGUALDAD ENTRE LOS CIUDADANOS Y DESCONFIANZA ENTRE LOS MISMO Y LAS INSTITUCIONES QUE LOS REPRESENTAN. Así, ante la falta de respuestas adecuada por parte de quienes tendrían obligación de perseguir las practicas corruptas y no lo hacen, se presume la corrupción del sistema. De esta forma aumenta el desinterés por la defensa de lo publico y crece la apatía ante la necesidad de generar un rearme ético que tenga como base la educación y el aprendizaje y que sirva para hacer frente al fenómeno a medio y largo plazo.
Nos tendríamos que preguntar cuanta culpa podría tener los secretario generales de los Ayuntamiento, ya que son empleado públicos dependiente del estado, ganada las plazas mediante oposición con una obligación ética y moral en la defensa de los ciudadanos de los errores que comentan los políticos electos y responsable del poder local.

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